Capítulo 4.
- ¡Patrick! – Escuché que alguien pronunciaba mi nombre. Me di vuelta y me encontré con la enfermera, la señora Munir. Una mujer algo delgada, rubia y de ojos oscuros. Tenía siempre una cara agradable y una mueca de compasión. – Por dios, Patrick, estas sangrando mucho. – Exclamó y me reí ante su expresión. Esta mujer me quería mucho, siempre se preocupaba por mí. – Vamos, ven conmigo. – Dijo tomándome del brazo. Instintivamente me solté.
- Estoy bien Mun. – Como solía decirle yo. Ella me miró algo enojada.
- Qué bien ni qué bien, Pat, estas bañado de sangre, vamos. – Dijo y comenzó a empujarme hacia la enfermería.
- Bien, bien. – Accedí. Al llegar a la enfermería, me senté en la camilla mientras Mun buscaba las cosas para curarme las heridas. – ¿Cómo esta Kyle? – Pregunté. Ella se giró hacia mí con una gasa en la mano.
- Bueno. No muy bien. – Dijo acercándose hacia mí. – ¿Qué le habías hecho? ¡Apenas pude hacer que dejara de escupir sangre! – Explicó.
- Arr. – Dije cuando posó la gasa sobre la herida de mi labio inferior.
- Se lo llevaron al hospital. – Comentó. – Tendrías que verlo querer salir a buscarte nuevamente. Ustedes los jóvenes son…
- Auch. – Me quejé una vez que paso a la otra herida de mi labio.
- ¿Cómo te ha pasado todo esto? ¡La del lado derecho aún no se había secado! – Explicó. Miré para otro lado evitando sus ojos oscuros. – Mmm. – Dijo al pasar a mi herida de la ceja. Al terminar me pasó un espejo para que me mirara. – No esta tan mal como antes, ¿No? – Preguntó. Al tener el espejo me encontré con un joven pálido, de ojos verdes y cabello oscuro con el labio inferior bastante inflamado, y con una curita en la ceja. Sonreí al verme tan lastimado. – Bueno, será mejor que vuelvas a clase. – Sugirió y asentí.
- Gracias Mun, de nuevo. – Dije riendo.
- Deberías dejar de meterte en problemas, niño. – Respondió. Le sonreí dulcemente y volví a los pasillos.
Para esta hora tendría… Lengua. Mierda. Odiaba lengua, así que caminé lentamente. Al llegar a la puerta me encontré con Matt a su lado, me miró preocupado y luego se rió muy fuerte.
- ¡Tú labio! – Dijo entre risas.
- Ya basta. – Le dije y lentamente dejo de reírse.
- ¿Estás bien? – Preguntó, esta vez preocupado.
- Sí. – Respondí secamente. – ¿Qué haces fuera? – Pregunté.
- Siempre es lo mismo. – Dijo y reímos juntos. – Será mejor que entres o terminaras conmigo. – Me dijo aun riendo. Pasé a su lado, dándole un leve golpe y entré a la clase.
- Siéntate. – Exigió la profesora y obedientemente fui hasta mi asiento, atrás de la clase, izquierda al lado de la ventana.
Claramente no le preste atención a la clase, y me quede observando el sol intentando salir entre esas nubes grises. Sonó el timbre. Genial. Ahora debería encontrarme con el resto de mis amigos. Cuándo me iba a levantar me encontré con tres chicas a mi lado.
- Patrick. – Dijo la del medio, alta con ojos muy claros, llevaba una colita alta que ataba su pelo rubio.
- ¿Qué sucede Rebecca? – Pregunté serio. Estaba cansado.
- ¿Qué te sucedió en el labio, amorcito? – Preguntó ella, mientras sus dos seguidoras, Amelie y Molly, asentían tontamente. Se acercó a mí intentando tomar mi cara entre sus manos. Pero fui más rápido y evite que lo hiciera. – Pero Pat… - Comenzó a decir. La miré serio.
- Aléjate de mí Rebecca. – Exigí. Me levanté y salí del aula.
No quería tener a mí alrededor gente como ella, era… No lo sé. Pero no la quería cerca. Fui directamente a mi casillero. Tomé mi mochila cruzada y caminé hacia la salida. A penas crucé la puerta vi a mi grupo de amigos, esperándome me dirigí hacia ellos mientras prendía un cigarrillo.
- Hey, ¿Qué hay? – Preguntó Charlie, uno de los chicos que estaban un año más que yo. Era alto y delgado, sus ojos cafés eran muy profundos y se notaban más con su nuevo corte de pelo, el cual estaba muy corto. Miró mis heridas y río. – ¿Siempre metiéndote en líos, eh Patrick? – Preguntó.
- Bueno, hago lo que puedo Charlie. – Dije. Siempre hubo una pequeña rivalidad entre mi grupo y su grupo. Por más que entre todos nos lleváramos bien. Su grupo era, como decirlo, complicado. La mayoría de ellos estaban de novios o trabajaban luego de la escuela. Era complicado juntarnos. En cambio, en mi grupo, todos teníamos el tiempo libre necesario y más para juntarnos, no nos era para nada difícil escaparnos del colegio. Pero Charlie decía que eso no estaba muy bien.
- Bien, ¿Qué harás ahora niño? – Preguntó Aron, el mejor amigo de Charlie, era tan alto como él, pero su contextura física era más robusta, y su pelo colorado dejaba entrever sus ojos azules.
- Disfrutar de la vida. – Respondí riendo. – ¿Ustedes? – Dije en una forma desafiante.
- Nosotros tenemos cosas que hacer. – Dijo Charlie ahora más serio. – No se metan en líos, enanos. – Sugirió, golpeándome levemente en el hombro. Bufé al ver a la mitad del grupo irse.
Miré a los que quedaban en frente. Yo era, ¿Cómo decirlo? Su líder, y Charlie junto con Aron eran los líderes de su grupo. Los líderes anteriores, Mike y Rían, me habían enseñado todo lo que sabía. Pero los nuevos líderes eran, más pacíficos, o tal vez débiles. No lo sé. Pero el hecho era que yo debería suplantarlos dentro de una semana, cuando terminaba el año, ellos se desligaban de toda responsabilidad. Solo quedaba un año, un año para crear historia en este colegio. Era difícil, pero iba a lograrlo.
- ¿Pat? – Preguntó mi amigo al verme mirar fijo un punto. – ¿Está todo bien? – Dijo preocupado.
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