Capítulo 10.
- No, tengo cosas que hacer. – Dijo volviéndose hacia ella, quien lo miró triste y apuesto a que si nadie hubiera hablado en unos minutos, se hubiera puesto a llorar. – Debo irme. – Comentó mi padre a modo de despedida mientras tomaba su saco y salía de la casa. Bueno, yo lo prefería así, pero mi hermana no. Me entregó mi plato y se sentó callada frente a mí.
- ¿Estás bien? – Pregunté. Que buen hermano que soy, ¿No es cierto?
- Sí. – Respondió secamente. Bueno, lo intenté. Comí mí comida lentamente, no tenía apuro. Hasta que vi la hora, en media hora tenía que estar en lo de Matt. Llegaría tarde. – Se te hace tarde, ¿Eh? – Preguntó mi hermana, ¿Leerá mentes?
- Sí, debo apurarme un poco. – Dije mientras tomaba mi plato.
- Déjalo, yo lo junto. – Dijo lentamente. La miré y sonreí.
- Gracias Cass. – Le dije y me acerque a ella.
- La extraño, ¿Sabes?- Dijo con su voz a punto de quebrarse. – La necesito.
- Tranquila. Yo estoy aquí. – Dije mientras la abrazaba fuertemente.
- ¿Por qué él nunca se queda? ¿Por qué tú siempre te vas? ¿Tan mala hija o hermana soy? Los necesito. - Preguntó entre sollozos mientras se escondía su cara aún más en mi pecho.
- No es eso, y lo sabes bien. – Dije intentando consolarla.
- ¿Entonces qué es? – Preguntó separándose un poco de mí, para poder mirarme a los ojos. Me miraba triste, expectante, necesitaba una respuesta.
- Bueno, creo que tal vez, estas muy parecida a ella de joven. – Expliqué resistiendo a su mirada, ella se sorprendió.
- ¿Parecida a mamá? – Preguntó sorprendida
- Si, bueno, tienes sus mismos ojos, su pelo… Su cara. – Dije recordándola.
La recordaba a la perfección. Algo alta, delgada, siempre con su pelo oscuro suelto, mirando a todos con esos ojos verdes profundos, su voz, siempre tranquila… Pero mi celular hizo que saliera de ese sueño.
– ¿Sí? – Pregunté sorprendido.
- Pat, soy Matt. En cuanto puedas venir, mejor. Así vamos y hacemos destrozos desde el principio. – Dijo mi amigo del otro lado.
- Claro, ya voy. – Dije mientras cortaba. Me volví a mi hermana. Era el calco perfecto. – Debo irme. – Le expliqué. Ella asintió y me soltó. Comenzó a juntar las cosas de la mesa mientras yo subía las escaleras. Llaves, plata, celular, documentos, billetera, un poco más de perfume, la campera. Y listo, ya estaba listo para salir. Bajé las escaleras y mi hermana me esperaba a un lado de la puerta. – Cass…
- Prométeme que te cuidaras. – Pidió mirándome aun con los ojos llorosos. – Qué tendrás cuidado, qué no harás locuras, qué volverás a salvo. – Dijo mientras se acercaba a mí y me volvía a abrazar. Acaricie un poco su cabeza. – Promételo.
- Solo te prometo la primera y la última. – Dije riendo, ella me miró y me golpeó. – Cuídate Cass. – Le dije mirándola a los ojos.
- Lo haré. – Respondió riendo.
Le di un beso en la mejilla y me interne en la oscuridad de la noche. Por suerte no hacía mucho frío. Caminé algo apurado a la casa de Matt, cinco cuadras de mi casa. No tuve ni tiempo de pensar todas las cosas que podían llegar a estar en mi mente. Al llegar toqué el timbre, y no tardó mucho en responder. Detrás de la puerta salió mi amigo, con una gran sonrisa.
- ¡Hey! – Dijo él al verme y nos saludamos. – ¿Vamos? Se hace tarde. – Comentó mientras se colocaba a mi lado, tenía las llaves del auto en la mano. – Vamos, vamos. – Dijo acercándose al auto. Asentí y subimos. Pasaron varios minutos hasta que uno de los dos hablo.
- Con respecto a lo de hoy, Matt, yo quería saber si…
- Patrick. – Me interrumpió. – Ni hoy ni ahora, ¿Sí? Quiero disfrutar tranquilamente el fin de semana con mis amigos. – Pidió.
Lo miré, sus ojos celestes estaban, algo… ¿Tristes? Sí, tristes. Asentí y me concentre en el oscuro exterior. La casa de Jaime quedaba algo lejos de donde nosotros vivíamos, pero era el mejor lugar para hacer fiestas. Matt puso música algo fuerte. Claro, así no tendríamos que hablar, o mejor dicho no podríamos hablar. Suspiré algo fuerte y miré por la ventana.
Era una noche algo despejada, no hacia frio y eso era algo bueno. Ya desde lejos se veía la casa de Jaime, era grande, bastante grande diría yo. Perfecto para hacer fiestas, totalmente perfecto. La iluminación era bastante, y la música sonaba aun estando a varias cuadras. Mi amigo dejó el auto cerca de la entrada y bajamos. Caminamos lentamente hasta la casa, estaban las rejas abiertas, y ya se podían ver a varias personas tiradas en el pasto sin entender mucho en la situación en la que estaban. Principiantes.
– ¡Hey Jaime! – Dijo Matt a mi lado. El chico con rulos se dio vuelta y se acercó sonriendo.
- ¡Hey, hola chicos! Espero que la pasen muy bien hoy, el resto de los chicos está en el living. Y hay cervezas y esas cosas en la heladera. Están en su casa, lo saben. Ups, tengo que seguir haciendo de portero. – Explicó muy rápido y salió casi corriendo para la puerta.
- Bueno, no me sorprende que este así, es Jaime ¿No? – Comentó Matt riendo. Sonreí y nos dirigimos directamente al living.
Ahí estaban todos los del grupo. Era muy difícil describirlos solo con una palabra, eran como varias, varias o muchas diría yo. Estaban los tontos, los que querían encajar, los que querían protección, los que la daban, los que se creen más que los demás… Y otro par de personas que la verdad no me importa describir. Simplemente, chicos. Bastantes chicos. Simpáticos la mayoría, por no decir ingenuos. Pero bueno, ¿La simple vida no es así? ¿De qué diablos estoy hablando? A veces me sorprendo de mí mismo.
- ¡Pat! – Dijeron la mayoría a la vez.
No se si lo voy a seguir subiendo, no vi mucha respuesta :/