Capítulo 11.
- Hola a todos. – Respondí sonriendo. – ¿Quién me pasa una cerveza? – Pregunté haciendo el gesto con la mano como si llevara una en ella. Uno de los más jovencitos del grupo me alcanzó una, algo tímido. – Muy bien, ¿Qué tenemos aquí? – Pregunté mientras me sentaba en uno de los sillones. Matt se sentó a mi lado.
Y ahí comenzó la noche. Riéndonos, haciéndonos bromas, rompiendo algunas cosas, tomando mucho, fumando otro rato. Más de una vez, casi terminamos en peleas, pero por suerte Matt, el único sobrio nos paraba. A veces no entendía cómo podía privarse de ese delicioso elixir que es el alcohol.
Varios de los más jóvenes, ingenuos, que aún no saben tomar, vomitaron y es ahí, donde sale mi alma de padre, y dejé mi cerveza para cuidarlos. Solía suceder a menudo, y por eso es que ya estaba acostumbrado. Pero Matt, él era el que en verdad hacia todo el mayor trabajo. Yo simplemente, tomaba y fumaba para pasarla bien, y él cuidaba, perdón, nos cuidaba a todos como sí nada. Para él era muy fácil, tener a tantos jóvenes a cargo, pero en cambio para mí, el simple hecho de tener a unos cuantos me superaba.
El resto de la noche, bueno, mejor dicho madrugada, pasó bastante tranquila, solo nos quedábamos los que más estábamos consientes, o los que aun podíamos tomar más.
- Será mejor que nos vayamos. – Dijo mi amigo tomándome del brazo y sacándome la cerveza de la mano.
Lo miré enojado, ¿Pensaba cortarme así, mi noche? Él negó y miró hacia la puerta, se encontraba una anciana, mirando interesada para el interior.
- Diablos. – Exclamé. Tomé mis cosas y avisé a los que más teníamos cerca que se fueran inmediatamente a sus casas, no tardaría mucho en llegar la policía. Encontramos a Jaime y le avisamos la situación, él inmediatamente comenzó a sacar a todos los que más podía de la casa. Matt me llevaba del brazo, ya que estaba algo inconsciente.
- Vámonos ya. – Comentó él, mientras nos subíamos al auto y arrancábamos.
Yo estaba sentado en el asiento de copiloto, mirando las luces al pasar, y como iluminaban la oscura noche. Habían pasado varios minutos, o tal vez horas, no estoy seguro. El alcohol era fatal para intentar delimitar el tiempo. En fin, luego de un tiempo indeterminado, llegamos a la casa de Matt.
– Vamos Pat, debemos entrar. – Me decía algo suave.
- No, no quiero dormir, Cass. – Dije sin entender lo que decía.
- Oh, vamos. Estas delirando, Pat. No puedo arrastrarte hasta la casa. – Dijo en un tono más… ¿Enojado? No, imposible. Matt nunca se enojaba.
- ¿Por qué no estamos en el parque disfrutando del resto de la noche, eh? – Pregunté casi en un susurro, mientras mi amigo me llevaba hacia dentro de la casa.
- Porque es tarde, Pat. Además ya estás muy mal. Necesitas descansar. – Explicó sin levantar el tono de voz.
Asentí lentamente, entramos a la casa y me dejó sobre uno de los sillones blancos que identificaban la casa de Matt. Él, salió de la casa y a los pocos segundos, minutos, horas, como quieras decirles, volvió a entrar. Me ayudó a subir las escaleras y fuimos directo hacia el baño.
- ¿Por qué estamos yendo al baño…? – Pregunté. Pero fui callado por un chorro de agua fría sobre mi nuca. Grité, pero Matt me tenía agarrado del cuello, para que no me saliera.
Tomó una toalla y la posó donde antes había estado su mano. Me llevó hasta el final del pasillo y entramos a su habitación. Era muy azul, en verdad azul. Me senté en el colchón que estaba al lado de la cama de Matt.
- Acomódate para dormir, amigo. – Me dijo riendo. Asentí y me saqué la remera, el pantalón y me quede en bóxer. Me acosté sobre el colchón y él tiró una frazada sobre mí. Se cambió y se acostó en su cama.
Me giré y lo miré.
- ¿Por qué te vas? – Pregunté. Mi amigo se volvió hacia mí y miró el techo.
- No es mi decisión. – Respondió seco.
- Pero puedes quedarte, y lo sabes. – Le dije negando con la cabeza.
- Lo sé. – Dijo suspirando. – Pero no es tan sencillo. – Exclamó.
- ¿Por qué no? – Pregunté. – Dime la verdad Matt.
- ¿Quieres saber la verdad, Patrick? – Preguntó volviéndose hacia mí, mirándome fijo y serio. Asentí, sin sacarle la vista, hasta que él se giró. – Mi madre, mejor dicho, mis padres, creen que eres una mala influencia para mí. Creen que me volveré en delincuente, contrabandista o que me meteré en líos. Creen que te has desbarrancado, salido del camino. Que eres otro, que te han cambiado. Que ya no eres un buen chico. Que nadie tiene control sobre ti, y eso te hace creer que lo sabes todo y que puedes hacer todo lo que quieras. No quieren que me junte más contigo, y por eso han decidido mudarnos. – En cuanto termino de pronunciar esas palabras, cerró los ojos y frunció el ceño. Miré hacia el techo e intente entender lo que me acababa de decir.
- ¿Y tú lo crees? – Pregunté sin siquiera mirarlo. Pero sentí su mirada sobre mí.
- Yo… Yo no lo sé. – Dijo dudoso. Sentí un rastro de temor en su voz… Mi amigo, mi mejor amigo, ¿Teniéndome miedo? Imposible.
- Si, lo crees. Y lo sabes. – Respondí. Era verdad, él creía lo mismo que sus padres, yo, una mala influencia…
- No, yo no dije eso. – Dijo volviéndose hacia a mí.
- Si, si lo dijiste. – Le respondí mirándolo. – Déjalo así, no quiero pelear contigo, Matt. Creí que eras mi amigo. – Dije dolido.
- ¡Lo soy! – Exclamó. – Es solo que…
- ¿Es solo que qué, Matt? ¿Qué crees que tus padres tienen razón? ¿Qué estoy fuera de control? Es bueno saber que mi amigo, piensa así. Sabes, es muy bueno saberlo. – Dije mientras me daba vuelta. – Buenas noches. – Exclamé y cerré fuertemente los ojos.
- Lo siento. – Escuché que Matt decía bajito.
Estaba enojado, muy enojado. Cómo, mi amigo, pensaba algo así de mí. Al poco rato me quede completamente dormido.