January302012

Capítulo 12.

Apenas abrí un ojo al día siguiente, miré hacia la cama de mi amigo. Ahí estaba él, durmiendo plácidamente. Suspiré y me cambié. Me dirigí al baño, me arreglé un poco y salí de la casa sin que nadie se diera cuenta.

       Me fijé la hora, eran las once de la mañana. Caminé sin rumbo alguno por las calles tan iguales de este lugar. ¡Pero que aburrido! Tomé un cigarrillo y lo prendí. Me senté en un banco de la calle.

       ¿Cómo podía pensar eso de mi Matt? ¿Cómo? ¿Así de malo era como amigo? No, bueno, no pensaba que podía ser así. Yo que creía que esto iba a estar perfecto durante unos años más, pero parecía que no. ¿Cómo diablos había terminado de esta forma?

       Me acosté en el banco y miré al cielo. Estaba claro, pero lleno de nubes grises. ¿Tal vez llovería? No lo sé. El tiempo pasaba lento, según mi cerebro. Pero tampoco podía confiar mucho de él ya que aún el alcohol estaba en mi cuerpo. Tal vez me habré quedado dormido, o no. Pero cuando me quise dar cuenta el sol estaba comenzando a bajar.

       Prendí otro cigarrillo y comencé a caminar hacia mi casa. No estaba muy lejos de ahí, por suerte. Caminaba lentamente, creo que estaba en un trance, o en shock, no sabría diferenciarlo. Es que, vamos, ¿Yo? ¿Una mala influencia?

       Llegué a mi casa y abrí la puerta.

-        ¿Eres tú Pat? – Preguntó la voz de mi hermana.

-        Sí. – Respondí de mala gana. Y ahí apareció, en pijama, con cara de estar muy preocupada.

-        Oh, me alegro que estés bien, estaba tan preocupada por ti. – Exclamó mientras me abrazaba. ¿Preocupada?

-        ¿De qué hablas, Cass? – Pregunté sorprendido. Ella se soltó y me miró enojada.

-        ¡Tonto! ¿Cómo vas a desaparecer así? Hace varias horas, me llamo Matt, preocupado. Diciendo que no estabas en su casa, cuando se levantó, y si estabas acá. ¡Pero no estabas! Así que casi llamamos a la policía. Tonto, tonto, tonto. – Decía mientras me golpeaba el pecho. Había estado muy preocupada, preocupada por mí.

-        Tranquilízate Cass. Ya estoy aquí, ¿Sí? – Le dije para tranquilizarla. Ella asintió lentamente.

-        Debes tener hambre. – Dijo.

-        Muero de hambre. – Respondí. Ella se rio.

-        Dime, ¿Por qué te fuiste de la casa de Matt? – Preguntó mientras me hacía un sándwich. Miré hacia otro lado.

-        No te incumbe Cass. – Dije lentamente.

-        No seas así, Pat. ¡Quiero saber! – Comentó algo enojada. La miré y me reí. Le saqué el sándwich de la mano y le di un mordisco. – Tonto. – Dijo mientras buscaba unos vasos y servía algo de jugo.

-        ¿Qué hiciste mientras no estuve, enana? – Pregunté. Ella me golpeó el hombro. – ¿Y ahora qué? – Exclamé.

-        ¡No hables con la boca llena, traga! – Me respondió. Me reí y tragué.

-        ¿Así está bien, señorita? – Pregunté riéndome. Ella se rió conmigo. – Vamos cuéntame.

-        Bueno, tenía pensado salir a la tarde con mis amigas, pero ante la llamada de Matt, cancelé la salida. – Dijo algo triste.

-        Lo siento. – Dije lentamente.

-        No te preocupes. – Respondió. – Pero tendrás que compensarlo. – Comentó riendo.

-        Acepto. – Dije estrechando su mano y riendo con ella. Pasamos así el resto de la tarde, molestándonos y riendo. Miramos algo de tele hasta que decidí que era hora de irnos. – Vamos, te voy a devolver tu salida. Ve a cambiarte, yo me bañare. – Propuse.

-        Bueno, báñate bien, hueles a cerveza y vomito. – Bromeó. Rodé mis ojos y me di una ducha. Qué bien se sentía. Amaba el agua, definitivamente.

       Salí de bañarme y fui a mi habitación. Me puse un jean bastante oscuro y una camisa blanca. Tomé un abrigo y el resto de las cosas para salir. Me iba a llevar el auto, oh sí. Bajé las escaleras y me encontré con mi hermana, tomando un vaso de agua en la cocina.

           Te ves bien. – Dijo mientras sonreía.

-        Gracias, tú también. – Respondí. Llevaba un vestido rosa, odiaba el rosa, pero ese era agradable. – ¿Vamos? – Pregunté. Me miró sorprendida.

-        ¿Y cómo vamos?

-        En auto, ¿Cómo sino? – Pregunté riendo. Me miró alarmada. – Tranquila, tengo las llaves. – Dije mientras sonreía. Ella frunció el ceño. – Vamos, ¿Querías salir no? – Ella lo pensó otra vez, y asintió.

-        Bien, entonces vamos. – Ella volvió a asentir y salimos de la casa.

       El auto de mi padre, bueno, su segundo auto era, ¿Cómo decirlo? No tan elegante, sí bien era caro, no era tanto como lo es su auto, el que usualmente usa. Este lo deja ahí, no sé para qué. Abrí el auto y entré, mi hermana me secundo. Encendí el auto. No solía manejar, en realidad nunca lo hacía, no era algo que me apasionara, no sabía mucho de autos.

-        ¿A dónde iremos? – Preguntó Cass. La miré y reí.

-        Tranquila, solo iremos al cine a ver una película y luego a comer a algún lugar por ahí cerca. – Respondí.

       Ella asintió feliz. Puso música, bueno, una radio, donde pasaban la música que le gustaba a ella. ¿Cómo le podía gustar esa clase de música? Nunca lo entendería. Me dirigí directamente hacia el centro del pueblucho ese, no era la gran cosa, pero bueno. Aunque sea aún se podía comer bien y disfrutar de una noche tranquila.

          Aquí estamos. – Dije al frenar y estacionar frente al cine. Bajamos del auto y entramos rápidamente al cine. – Elige tú la película, la verdad no me interesa. – Le expliqué. 

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