Capítulo 16.
Me senté en la vereda, justo donde se une con la calle donde pasan los autos. Por suerte por ahí no pasaban muchos. Parecía sacado de una foto, un chico, fumando, despeinado, sentado en la calle.
Era imposible, no quería creerlo.
Recordaba, como si hubiera sido ayer, cuando corríamos por los terrenos del campo de mi padre, donde solíamos ir todos los veranos. Cass, en su vestido rojo brilloso, nos corría a Lucy, en su short negro y su musculosa celeste, y a mí, vestido con bermudas y una remera verde. Todos los años íbamos a ese lugar, a pasarla bien. Lucy, era mi mejor amiga desde que tenía uso de razón, nos llevábamos perfectamente bien, y mi hermana la amaba como si fuera una más de la familia. Todos la considerábamos como parte de la familia. Mis padres la amaban, y ella solía venir cada día a nuestra casa, ya que sus padres trabajaban hasta tarde. Y los veranos, como dije antes, íbamos los cinco a esos terrenos, amplios donde podíamos hacer lo que quisiéramos. Ese verano, cumpliría 14 años, al igual que Lucy en Mayo, y mi hermana 12 en Agosto. Paramos a descansar en el establo cercano de la casa donde vivíamos en el verano.
- No corran tan rápido. Los odio. – Decía mi hermana, algo agitada.
- Sabes que no es verdad. – Respondió Lucy, dándole unas palmadas en la espalda.
- Además, no corríamos rápido. – Dije algo agitado, tirado en el suelo, intentando recuperar el aliento.
- Ya basta. – Dijo Lucy, ya que sabía que en cualquier momento, mi hermana se lanzaría sobre mí para golpearme. – ¿Otra carrera a la casa? – Decía mirándonos picara. Me levanté inmediatamente y salí a corriendo detrás de ella, mi hermana se quejó y nos siguió.
Esa noche, tendríamos la primera fogata del verano. Mis padres, solían arreglar todo para que hiciéramos la fogata y se iban a dormir temprano, como siempre.
Esa noche no era la excepción. Pasamos la noche haciendo bromas y molestándonos unos a otros. Todo seguía igual que el año anterior. Cass se quedó dormida, y junto con Lucy la llevamos a la casa y volvimos a lo que quedaba de la fogata.
- ¿Tienes frío? – Pregunté cuando la vi frotarse los brazos, me miró y me sonrió dulcemente. Me acerqué a ella y nos tapamos con la frazada que teníamos para ese momento. – Linda noche, ¿No? – Pregunté, en verdad era una linda noche, despejada y con poco viento.
- Muy linda. – Respondió. Fijo sus ojos celestes en mí y sonreímos. Ahí fue cuando me di cuenta que la amaba con todo mi ser. Pasé mi brazo sobre sus hombros, y ella posó su cabeza en mi pecho, algo pequeño en ese entonces. – ¿Crees que podremos hacer esto por siempre?
- ¿A qué te refieres?
- A esto, estar aquí, venir todos los veranos, hacer fogatas, andar en bicicleta, montar los caballos, jugar en el lago, tomar sol en las rocas, correr y divertirnos. – Dijo cerrando levemente los ojos. – ¿Crees que podremos hacerlo? – Preguntó volviéndose hacia mí.
- Claro que sí. – Respondí sonriendo, ella sonrió y vi la oportunidad perfecta. Sus ojos estaban fijos en mí, y los míos en ella. Nos acercamos lentamente y nuestros labios se rozaron. Fue un beso mágico, impensado. Un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo, y se estacionó en mi estómago. No quería que terminara nunca. Cuando nos separamos, ambos nos habíamos sonrojado un poco. Nos quedamos mirándonos fijamente, y luego volvió a posarse en mi pecho. La acerqué más a mí, y nos quedamos así hasta que vimos que amanecía.
El verano paso tranquilo, y muy divertido. Cass nos seguía a todos lados, por más que quisiéramos estar solos. Y con Lucy… Todo era perfecto, mágico, increíble.
Pero cuando volvimos al terminar el verano, todo fue distinto. Siempre que volvíamos al colegio, Lucy se alejaba un poco. Salía con sus amigas, era entendible, las extrañaba, y se quedaba mucho tiempo en su casa, por sus padres claramente.
Pero ese año fue distinto. Mi madre enfermo los primeros días de clase, sin razón alguna, sin opción alguna, y desapareció por siempre al final del mes. Mi padre se había transformado totalmente en un zombie y mi hermana no paraba de llorar. Por mi parte, conocí a nuevos chicos, y rápidamente me hice amigo de ellos. Eran distintos a los que estaba acostumbrado, eran más grandes y además, ya salían a fiestas, tomaban, se emborrachaban, se peleaban, etc. Así es como empecé a salir con ellos y a aprender como tomar, pelear y a relacionarme con algunas personas que jamás pensé que iba a conocer. Además, todo eso, me ayudaba a alejarme de mi casa y todos los recuerdos que con ella traían.
- Tienes que alejarte de ellos. Te lo digo en serio. – Decía Lucy con su voz enojada, estaba muy molesta.
- No entiendo por qué no los quieres, ni siquiera los conoces. – Le dije.
- No necesito conocerlos para saber que no son buenos, Pat. ¡Hazme caso!
- ¡No lo haré, es mi vida! – Dije mientras buscaba en mi bolsillo los cigarrillos y el encendedor, cuando me lo puse en la boca, ella me lo arrebato de un golpe.
- ¿Y ahora fumas? – Preguntó alterada. – ¡Déjame ver, seguramente tus nuevos “Amiguitos” te enseñaron a fumar!
- Ya basta Lucy. – Respondí.
- ¿Ya basta? ¿Me dices que basta? ¿Acaso no te das cuenta que te estas arruinando la vida? ¿Fumando? ¿Tomando? ¿Peleándote con cualquiera que te cruces en el camino y te mire mal? ¿Te crees que eso es vivir, Pat? Tú no eras así, qué diablos sucedió contigo. – Dijo ella, alterada, enojada, molesta. No quería pelear, no con ella. Me di media vuelta y comencé a caminar hacia el otro lado de la calle. Pero me siguió, y tomó mi brazo haciéndome volver hacia ella. – ¿¡Qué diablos sucede contigo!?
- ¿Qué qué diablos sucede conmigo, dices? – Repetí. – No entiendes nada de mi vida Lucy. – Dije.
- ¡Por eso, quiero entender! ¡Explícame por qué quieres arruinarte así la vida! No quiero perder a mi amigo. – Respondió.
Dejen asks, denle like y reblog, gracias por leer y que tengan un hermoso finde :) Den.