February82012

Capítulo 19.


-        ¡¡Levántate!! – Decía mi hermana. Miré la hora, diablos, era aún temprano. Tomé la ropa del colegio y me metí al baño. Me duché y me puse la camisa y el jean. Busqué mi mochila y bajé las escaleras, aun con el pelo mojado. – Buenos días hermano.

-        Buenos días Patrick. – Dijo ella. ¿Por qué seguía aquí?

-        Buenos días. – Respondí.

       Tomé un vaso que había en uno de los estantes y me serví algo de jugo. Estuvimos unos minutos en silencio, sin que se escuchara ni un movimiento ni ruido. Nada. Hasta que mi hermana puso a lavar su taza, luego Lucy la copio. Ambas subieron las escaleras y se fueron cada una a su habitación. Bueno, mi hermana a su habitación y Lucy a la habitación de huéspedes.

       Pasaron aproximadamente unos veinte minutos hasta que las dos bajaron, ya listas y preparadas para ir al colegio.

-        ¿Vamos? – Preguntó Cass. La miré y asentí.

       No podría fumar con ellas, pero resistiría. Salimos de la casa y comenzamos a caminar, a mi lado mi hermana y a su lado ella. Íbamos en silencio, sin pronunciar palabra. Pero a la mitad del camino Cass y Lucy se pusieron a hablar. Hablaban sobre el colegio y sobre otras cosas que no tenían sentido alguno para mí. Le había prometido a mi hermana ir a almorzar con ella y Lucy hoy. Pero no sabía si podría cumplirlo.

       No tardamos mucho en llegar al colegio, bueno, quedaba a unas cuadras de la casa y entre la charla de mi hermana y ella, por más que no les prestara atención, las cuadras se caminaban solas.

-        Me quedare un rato fuera. – Dije una vez que llegamos. Ambas asintieron y se metieron en la muchedumbre de gente que quería entrar al colegio.

       Pregunto, ¿Quién quiere ir al colegio con tanta prisa? Además de mi hermana, claro. ¡Esa chica pareciera disfrutar el colegio! Que locura.

       Crucé la calle por donde se entraba y me tiré en la vereda de uno de los vecinos del colegio. Prendí un cigarrillo, que sensación, y me dediqué a ver cómo la gente entraba al colegio escuchando música, algo fuerte, desde mi celular. Diez minutos más, y saldría alguien a ver que nadie se quedara en la puerta, haciendo nada.

       Me levanté lentamente, y comencé a caminar para el lado contrario de mi casa, es decir, para el centro.

       Siete minutos.

       Caminaba sin sentido alguno. No tenía muy bien pensado donde ir.

       Cuatro minutos.

       Solo el ritmo de la música y el olor a cigarrillo me motivaba a seguir caminando.

       Dos minutos.

       ¿Cuánto tardaría en alguien preguntarle a mi hermana si había venido o si me había pasado algo?

       Un minuto.

       ¿Y cuánto tardaría alguien en salir a buscarme? El timbre sonó a lo lejos. Listo, ahora podía ir a donde quisiera.

       Entré a un café cercano. No parecía un chico que debía estar en el colegio. Es decir, llevaba un jean, y una camisa. ¿Que tenía eso de raro? Nadie podría decirme que debía estar en el colegio. Además parecía más grande de lo que era. Me senté en una de las mesas y pedí un té. No tardaron mucho en traérmelo, por suerte.

       A veces creía que mi cabeza estaba en otro lugar, en otro país, u otro mundo. Desde que había muerto mi madre, las cosas se habían vuelto más complicadas. Todos en la familia, y las personas que nos conocían, cambiaron. Nos volvimos personas totalmente distintas. Y por ende, nuestro futuro y presente se modificó radicalmente. Tal vez, sí mi madre todavía estuviera viva, las cosas serían mejor. Bueno, claramente lo serian. Mi hermana no tendría tantas responsabilidades por que las compartiría con mi madre, no estaría siempre tan preocupada por todo porque no debería de estarlo estaría mi madre para eso, no extrañaría a mi padre ya que nunca se hubiera alejado tanto, no estaría tan pendiente de mí ya que nunca me alejaría de ella. Sinceramente, Cass era la que había salido más perjudicada en todo. Yo simplemente había cambiado en otro sentido. Me había vuelto más problemático, mi humor era más alterable, no soportaba muchas cosas, mis notas habían bajado totalmente, hacia cosas que antes jamás hubiera hecho, fumaba, tomaba y la relación con las personas que me rodeaban antes, ya no existían. Y lo mismo pasaba con mi padre. Bueno, o eso creía. Nunca estaba cerca. Y lo peor de todo, es que ahora mi mejor amigo, Matt, se iba a mudar. Y todo, por ese maldito cambio en mí. Y lo que era peor aún era que él pensaba igual que sus padres. Descarrilado. Esa era la palabra que retumbo en mi mente y aun retumbaba, saltando de un lado a otro. No podía creerlo. Y ahora Lucy, en mi casa… ¿Cómo podía soportar todo esto?

       Pague el té, y salí del lugar. Era un lindo día, hacia algo de calor y había una leve brisa.

       Entré a una gran galería, tal vez una de las pocas interesantes. Me quedé observando una vidriera, donde estaba repleto de guitarras, bajos, alguna que otra batería, violines, flautas, bombos, etc. Toda clase de instrumentos junto con, claro, sus respectivos accesorios. Siempre había tenido la idea de estar en una banda, bueno, solía tocar la guitarra cuando mi madre estaba viva. Ella le cantaba canciones para que mi hermana durmiera mientras yo tocaba la melodía. Era divertido, y me gustaba. Pero en cuanto ella desapareció de nuestras vidas, tiré mi guitarra a la basura, y jamás la volví a ver.

       Desvié la mirada y seguí recorriendo el lugar. Unas vidrieras más allá, donde me volví a quedar parado, estaba el local más grande de música que conocía, tenía estantes y estantes llenos de CD’s, de toda clase de estilos. Y el local de al lado, que se conectaba con este, se dedicaba a vender remeras, parches, posters y esas cosas, de la mayoría de las bandas de los CD’s. Me quedé mirando unos minutos las nuevas adquisiciones de los locales y seguí mi camino. A veces me dolía escuchar música, por el hecho de que me recordaba a ella.

       Caminé y observé uno de los últimos locales. Uno de los cuales yo más amaba. El local de tatuajes. Mi padre no me dejaría hacerme ninguno hasta después de los 18, no entiendo como eso sí le importaba de mí. El punto es, que ya me había hecho uno. Claramente sin que él se enterara. Era una pequeña estrella rodeada de una frase: “Take care of me in the sky” En mi pelvis derecha. Recuerdo que cuando fui a hacérmelo, dos años atrás, el hombre que me lo hizo me pregunto el significado, pero no se lo había querido contar.

       Salí de la galería y me interne entré la multitud del centro. El día había oscurecido un poco, había varias nubes en el cielo. Miré mi reloj y vi que eran las once y media. ¡Que rápido se me había pasado la mañana! 

Espero que les guste :)

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