February152012

Capítulo 23.

       Me levanté alarmado, mi puerta estaba a punto de ser derribada.

-        ¡Levante Patrick! – Gritaba mi hermana. Diablos, había olvidado que no le había explicado que no iría mas al colegio. Me levanté a regañadientes, abrí la puerta lentamente, frotándome los ojos y sacudiéndome el pelo. – Vamos apúrate. – Repitió ella, la miré algo aburrido.

       ¿Debería decirle que no iría? ¿Me escaparía nuevamente? Definitivamente la segunda respuesta. Tomé algo de ropa mientras mi hermana se internaba en su propia habitación. Me dirigí al baño, me duché y salí más fresco y despierto que antes. Tomé mi mochila, algo vacía, mis cigarrillos, celular, plata, llaves y esas cosas. Bajé las escaleras pero no encontré a nadie, vi una nota sobre la mesada, me acerqué y la leí.

       “Tonto, nos fuimos al colegio, ¡Tardas mucho! Lleva el auto, a la salida nos iremos a un lugar. Te quiero hermano. Cuídate.” Y la firma de Cass. Perfecto, de nuevo a dormir.

       Volví a tomar mis cosas, subí las escaleras, entre a mi habitación, tiré la mochila a un costado. Me saqué la ropa, dejándome solo en bóxers. Cerré la persiana, apagué la luz y me recosté en la cama. Puse mis manos detrás de mi nuca.

       Mi cabeza comenzó a vagar entre algunos recuerdos. Como cuando aprendí a andar en bicicleta, mis primeros acordes, mis primeras peleas, risas, llantos con Cass, mi primer examen importante, mi primera salida con amigos, mi primera cita, su sonrisa, su risa, su cara, su aroma, todo. Me encontré en el ultimo recuerdo que tenia de ella.

-        Puedes pasar jovencito. – Me dijo el doctor que la estaba atendiendo, asentí levemente y me adentré en una habitación completamente blanca, ordenada y limpia.

       Ahí estaba mi madre, con su cálida sonrisa y sus ojos ambles, mirando como entraba a la habitación, estaba acostada boca arriba. Me acerqué.

-        Hola mama. – Dije algo nervioso. No sabía muy bien que decir. Me acomodé el pelo mirándola fijamente.

-        Hola amor. – Respondió ella con su dulce voz.

-        ¿Como estas? – Pregunté mirando a los cables y esas cosas que iban hasta ella.

-        Bien hijo, ¿Como estas tú? ¿Y Cass? – Observó. Saqué mi vista del monitor a su lado y la miré. Se encontraba devastada por su enfermedad, triste, dolida.

-        Te extrañamos mucho. – Dije acercándome un poco más.

-        Lo se querido.

-        ¿Cuando te pondrás mejor? – Pregunté, ella me miro fijamente. – ¿Te recuperaras no es cierto? – Volví a preguntar.

-        Cuéntame del colegio. – Cambio de tema.

-        No. – Dije mirando hacia el suelo, apretando los puños y la mandíbula. – Quiero saber cuando mejoraras. – Aun no la miraba, pero tampoco recibí respuesta. – ¿Porque volverás, no es cierto? – Pregunté mirándola mientras las lágrimas caían sobre mis mejillas.

-        Ven aquí. – Me llamó extendiendo sus brazos, me abrazó dulcemente como solía hacerlo.

-        No puedes irte, Cass te necesita, papá te necesita, Lucy se pondrá muy triste, Matt también, ¿Quien cocinara y nos cantara canciones a la vez? ¿Quien nos llevara a pasear? Nos prometiste una mascota, un perro. ¿Quien dormirá con Cass cuando tenga pesadillas? ¿Quien nos ayudara con el colegio? ¿Quien estará con nosotros cuando papa este de viaje?  - Las lagrimas aun más y más. – ¿Quien nos dirá te quiero todos los días? ¿Quien me abrazar cuando estoy mal? ¿Quien me felicitara por mis logros? ¿Quien estará ahí no importa cuando? ¿Quien? ¿Quien va a ser mi madre? ¡Te necesito, por favor, te necesito! – Grité hundiendo mi rostro entre las sabanas. Ella sonrió levemente mientras se limpiaba las lágrimas y me acariciaba el cabello.

-        Mírame. – Dijo lentamente. La miré, sus ojos verdes, sus finas cejas, delicados labios, linda nariz, su piel siempre deslumbrante. No podía irse de mi lado, no podía. Secó mis lágrimas con sus dedos y puso sus manos sobre mis mejillas. – Serás un magnifico hombre Pat. – Comentó. – Siempre estaré ahí, para ti y para Cass.

-        No. – La interrumpí con mis sollozos e intente librarme de sus manos.

-        Escúchame. Eres muy inteligente, lo se, Cass también lo es. Son las luces de mi vida y lo más importante, son mis hijos. Los amo y no podría estar sin ustedes. Cuando me vaya…

-        No, no te iras. – Volví a interrumpir.

-        Piensa. – Dijo. – Siempre piensa, sé que tú cuidaras maravillosamente a Cass, y ella será una mujer preciosa. Prométeme que nunca dejaras que este mal, ¿Si? Siempre intenta sacarle una sonrisa como puedes sacarle a cualquiera. Se tu, siempre. Cuídate mucho y se feliz. Son los únicos consejos que te puedo dar hijo. Nunca te olvides que te amo, nunca lo dudes. Busca la felicidad y haz que Cass también la busque. Sean personas maravillosas el día de mañana y siempre estaré orgullosa de ustedes, no importa lo que hagan. Siempre estaré aquí. – Dijo señalando mi corazón. – Eso nunca lo olvides.

-        Señorita, se acabó la hora de visita. – Explicó el doctor que entro en la habitación. Mi madre se volvió a mí.

-        Y no estés mal por mí, ¿De acuerdo? Será mejor así. – Terminó de decir. – Te quiero Patrick, siempre lo haré.

-        Yo también. – Dije mientras me abrazaba. Cuando me soltó volví a mirarla a los ojos.

-        Dile a Cass que la quiero y cuida de ella, por favor. – Dijo ella.

-        Señorita. – Interrumpió el doctor.

-        Sé un buen hermano mayor Pat, sé que lo serás. – Dijo sonriendo.

       Asentí y le di un beso en la mejilla. Fui hasta la puerta y me volví hacia ella, la saludé con la mano, seguro de que mañana estaría ahí, y la volvería a ver.

       Pero no hubo el mañana que esperaba.

       Todo se volvió oscuro y me encontré con ella iluminada por una luz desde el cielo, solo ella, yo la miraba de esa negra oscuridad. Intenté hablar pero las palabras no salían, mi boca se movía, incluso sentía como mis cuerdas vocales hacían fuerza. Pero nada salía de mi boca, ningún sonido. Grité, o eso intente, pero ella seguía parada ahí, mirando al cielo, sin prestarme atención. Intenté aplaudir, pero no funciono, intente hacer algún tipo de ruido pero nada fue suficiente para que se fijara en mi.

       Miré hacia un costado, buscando ayuda, pero solo había oscuridad a mí alrededor. Me volví hacia la luz pero ella ya no estaba ahí, no. Había un hombre en su lugar, lo conocía. Lo llamé por su nombre pero a diferencia de la mujer, él me miro, se volvió hacia mi, incluso camino unos pasos hasta donde me encontraba.

       Se paró en seco mirándome con sus ojos azules. No lo entendía, ¿Como él tenia ojos azules? No tenia idea… No, él no los tenia azules. Lo volví a llamar por su nombre pero el negó con su cabeza. Lo miré intrigado, asustado y curioso, además de sorprendido. Sonrió dulcemente y me mostró su mano, acercándola hacia a mi.

       En ese momento me di cuenta que estaba sentado en el suelo, y no parado como creía, le alcé la mano para corresponderlo conocía a este hombre, lo conocía pero no podía entender quien era. Miré su mano fina y delicada, cuando su piel roso la mía, me volví hacia él. Pero ya no estaba para encontrarse conmigo. No, en cambio estaba la mujer. Otra vez.

       No lo entendí, y quise soltar mi mano, pero ella sonrió y la dejé ahí. Me ayudó a pararme y me acercó a su iluminado círculo, su mano se colocó en mi espalda y la otra dulcemente en mi mejilla, acariciándome. Solo pude comprender dos palabras de todas las que intento decir: “Continua viviendo”. 

Un capítulo algo triste lo se u.u maldad mia perdon (? espero que les guste :D Den.

Page 1 of 1